jueves, 31 de enero de 2013

Rosalinda y Orlando


A Sara Ovalle, por su impulso a escribir esta historia…


Rosalinda abrió triunfante el ventanal que daba hacia la calle. Era una mañana fría de octubre y hacía poco viento. Su silueta se adivinaba bajo la camisa azul que traía. Esbozó una leve sonrisa pero tenía miedo de voltear. Cerró los ojos e imaginó que corría en un bosque donde Orlando no la alcanzaría pero sabía que estaba allí.

Acababan de hacer el amor. Orlando estaba recostado sobre la cama y en silencio observaba a su mujer, a Rosalida, a quien años atrás no le tomaba importancia. Ella miraba hacia la calle y pensaba que quizá era momento de partir. Pero algo en su corazón le decía que no debía irse.
Aun no era el momento.

Ros, hay algo que quiero decirte. Necesito que me escuches…

¿Qué me vas a decir ahora? ¿Qué ya pasó y que sigamos nuestro camino como siempre? ¿Qué sigamos peleándonos y resolviendo todo en la cama cuando se te da la gana?

Vamos mujer, no te pongas así, no voy a decirte eso… Deja de pensar por mí nena.

Rosalinda volteó a ver a Orlando con una mirada desafiante pero con un dejo de tristeza.
No quiero que te vayas. No quiero sentirme una más de tu larga lista de conquistas y de noches.  No quiero saber que me equivoqué, no ahorita.

Me impresiona la manera en que siempre estás a la defensiva. Lloras más que un camión de pollos… Lo que quiero decir es que me siento bien a tu lado y quiero saber si tu también.

Si no lo estuviera no estaría aquí Orlando. Esa es una pregunta obvia.

Orlando se incorporó y abrazó a la joven, quien estaba luchando poderosamente por no mostrarle vulnerabilidad. Aunque había dicho que no, sabía que podía enamorarse, pero que debía jugar muy bien su carta.

Rosalinda había conocido a Orlando años atrás en una presentación de una marca nueva de productos ecológicos para el hogar. Ambos eran mercadólogos y creían, cada quien por su lado, que eran los mejores. Rosalinda era una mujer rubia, de cabello largo y complexión delgada. Era alta y tenía unos ojos expresivos. Orlando era un adulto joven, de unos 33 años, blanco, de cabello castaño oscuro y era bien parecido. Solía ser muy galante con las mujeres, al grado de un cinismo que a veces no podía controlar. Era ese patán que nunca falta pero que su capacidad aduladora lo hacía ser el “master” de las relaciones interpersonales. Era el más odiado pero también el más buscado.
Rosalinda vivía sola con su pequeño gato Misha, que cada vez que llegaba Orlando a la casa, lo graba hacer que se le pusieran los pelos de punta. No le gustaban los gatos, pero ella encontraba gracioso ese detalle. “No le gustan los gatos pero qué tal las méndigas zorras”.
En la primera ocasión en que se citaron, ella llegó puntual a la cita. Hacía cinco años atrás de eso. Era una noche fría y habían quedado en verse en un barecito de la avenida Hidalgo, en Zacatecas. Pero Orlando nunca llegó. La hizo esperar dos horas y al final, él se disculpó porque tenía que quedarse hasta más tarde. Pero ella no se quedó sola, se encontró a un viejo amigo que le invitó una copa de vino tinto, una buena plática y luego se retiró.
Era verdad, él solía ser un patán pero pocos, o casi nadie, le habían dicho eso en su cara. Todo era a sus espaldas.
Pero Rosalinda no, era franca y lo que pensaba se lo decía en ese momento. Así como lo pensaba, lo decía y esperaba su reacción. En varias ocasiones le dijo que ya no le interesaba. Pero Orlando parecía no tomar eso en cuenta. Se sabía seductor y peor aún, sabía que podía domar a ese espíritu rebelde. Un 31 de enero se encontraron caminando por las calles del centro. Se saludaron y él volvió a disculparse, pero ella ya ni se acordaba del asunto. Se fueron a un café y duraron horas platicando. Se hizo tarde y ambos se tenían que ir. El abrazo fue decisivo. Él temblaba y no sabía qué decir. Toda su estrategia, sus encantos, su “charm” para conquistar a las mujeres parecía no funcionarle. Ni toda esa labia ni esas poses de “yo-me-llevo-bien-con-todos-los-empresarios” le estaban dando éxito.

Nos volveremos a encontrar, le dijo ella al oído al joven que de pronto olvidó dónde estaban sus llaves.


lunes, 10 de diciembre de 2012

La primera navidad sin Blacky.

Es la primera Navidad sin Blacky. Después de casi nueve años, nuestro mejor amigo, nuestro "Chumino", nuestro "mugrero", nuestro "negro".. nuestro "perro", nuestro "niño" ya no está con nosotros. Y hoy a casi un año de su huida.. me atrevo a revelar lo tan importante que fue Blacky para mi vida.. Blacky llegó en una Semana Santa.. Estábamos mis hermanas y yo pasando los días santos en la alberca del Hotel Villa Jardín. De pronto llega mi papá y nos trae la noticia.

Hay un nuevo inquilino en la casa. La primera en conocerlo fui yo.

Un perro french, negrito y chiquito.. acaso tenía como dos meses.. En el momento en que Blacky llegó a la casa, se convirtió en un amigo inseparable. Compañero de desvelos, de lágrimas y de sueños compartidos.

Estoy convencida que Blacky llegó a este mundo para dar amor.. pero para que no suene tan cursi. Vino a acompañarme durante casi nueve años, a mi y a mishermanas. Sería una larga historia relatar cada una de sus aventuras... creo que todos conocen las gracias que puede hacer o dejar de hacer un perro. Pero hay algo que no se sabe. El Blacky tenía una conexión especial con la que escribe. Nada es ficción, juro que lo escrito aquí pasó tal cual...

Cuando estaba estudiando en La Salle, realizando mi tesina, Blacky pasaba largas horas. Jornadas mejor dicho, a lado mío. El sonido de las teclas de la computadora y el poco caso que le hacía, acababan por arrullarlo. En poco tiempo, entendió que después de apagar la computadora, se apagaba el regulador y significaba ir a dormir. Aprendió tan rápido que ya conocía cada uno de los sonidos. Sabía cuando una estaba triste. Tenía ese don de ser el primero en darse cuenta y demostrar, muy a su manera, la solidaridad... Travieso y juguetón. Empezó comiendo croketas y de pronto tragaba hamburguesas Carl´s JR si uno se descuidaba... Eterno compañero nocturno. Llegó a presenciar momentos importantes en mi vida. Desde las famosas pachangas de hace casi dos años, hasta la notificación de la muerte de mi abuela.

Blacky conoció a Tita, a mi abuela y fue muy buen enfermero. Aprendió a portarse bien, a no subirse a la cama y a acompañar a Tita en las tardes, en que la casa estaba sola. Aprendió a defender a sus amas ante cualquier acción de agresividad.

En las mañanas, durante casi nueve años, no dejó de ladrar a Doña Mari, quien nos ayuda en la casa y sobre todo, el canijo aprendió a andar en la calle. Primero a pasear con sus dueñas, después a pasear solo y como todos en la vida, tuvo su etapa de rebelde. Cada tarde, unos perros "banda" venían por él a la casa y él salía. Regresaba a las dos horas. Luego se dio baño, ya no quería regresar o extrañamente se equivocaba de camino y lo alargaba más. Después salía por espacio de una hora y tocaba la puerta al regresar.

Pero la conexión que explicaba, iba más allá. En una navidad.. no recuerdo cuál, tuve la fortuna de beber un buen vino blanco, que estaba tan entretenida que casi me lo acabé todo.

Los efectos de la bebida cayeron en el Blacky, nunca nos explicamos cómo fué, que exactamente al terminar de tomar esa bebida, el se empezó a marear y no se sostenía ni sentado. Se iba de lado y se acostaba sobre el sillón como si tuviera un gran mareo..

Esa fue la primera señal. La segunda y creo que la más fuerte sucedió cuando en alguna ocasión salimos de viaje a Monterrey. Después de unos días, un mal día, amanezco con mucha ansiedad y le digo a mi mamá que quiero regresar a Torreón, que porque había soñado que el Blacky se había perdido.. Y mi mamá pensando en que ya estaba harta de la vida familiar me dijo que no. Al día siguiente nos regresamos a Torreón. El perro se había quedado en casa de mi abuela paterna y de mi papá mientras estábamos en Mty. Cuál es la sorpresa que al ir por él a la casa no estaba.... Mi papá simplemente dijo que se escapó...

Estuvimos buscándolo por todo el Campestre, donde vive nmi abuela. Y ya cuando estábamos vencidas, llegó la vecina.

Jon Lee Anderson


La crónica detrás de la entrevista

El abrazo fraterno que me dio Jon Lee Anderson al vernos en el lobby del Hotel Hilton en Guadalajara ese viernes 30 de noviembre a mediodía me emocionó hasta casi al punto de las lágrimas, pero tenía que comportarme. Tenía que ser profesional y debía aplacar los sentimientos. Sabía bien que la espera tras dos años y medio de haberlo visto en Zacatecas valía la pena. Esta vez no había nadie más que se entrometiera.
Después de tanto leer algunos textos incluyendo un libro, escuchar entrevistas en Youtube y en Internet había llegado el momento de encarar a quien había conocido en el Hay Festival Zacatecas. Era la oportunidad única de sacar ese coraje que tenía por lograr uno de los sueños que había pensado en cumplir pero no sabía cuándo. Bien dicen que no hay fecha que no se llegue y que no se cumpla. Pero la entrevista es el cierre de un ciclo que comenzó en Zacatecas en 2010 y la historia merece por sí misma ser contada.

Era verano 2010 y era reportera de cultura del periódico Imagen de Zacatecas. Teníamos en puerta el Hay Festival, una de las máximas fiestas literarias del mundo que tenía su origen en Inglaterra. Aún gobernaba Amalia García Medina y el evento se antojaba mucho dada la circunstancia política, pues era de los últimos eventos de la mandataria perredista. Desde que supe que vendría el Hay Festival, estuve buscando información y dí con Lizbeth Pérez, de Relaciones Públicas, de la edición en México. Rápidamente me puse a sus ordenes y comenzamos a dialogar sobre lo que sería el evento. Al momento en que el Hay se instaló en Zacatecas, ya había solicitado entrevistas con varias personalidades. En ningún momento me brincó el que éramos un medio "provinciano" y sólo habían pedido entrevistas medios como La Jornada, Milenio Nacional, Canal 22 y otros. Sabía que nosotros podíamos dar muy buena pelea. Recuerdo que logramos concertar entrevistas con Javier Cercas, Laura Restrepo, Elmer Mendoza, Alberto Ruy Sánchez, Daniel Mordzinski y Jon Lee Anderson. Con mi editora de ese entonces Zazil Ha, logramos armar un equipo muy padre de cobertura, éramos varias reporteras, Geraldine, Cuquis, Cynthia y yo. Así como la directora Patricia Mercado.

Eran días muy pesados llenos de actividades. Teníamos que correr de un lado a otro para alcanzar a cubrir la mayor parte del programa posible. Pero eso se disfrutaba muchísimo. Ya que cargaba con mi notebook a la sala de prensa ubicada en el interior de la Cineteca Zacatecas repleta de colegas y amigos, y ahí empezaba a escribir porque siempre o casi siempre estaban ocupadas todas las computadoras. Lo más rápido y efectivo era cargar con la bolsota con notebook, los cigarros para el estrés y una buena dosis de paciencia. En esos días Alejandra mi hermana fue a visitarme, así que fue mi cómplice un par de días, no recuerdo cuántos. Al mismo tiempo, otro colega que no pienso pronunciar su nombre, que trabaja de manera independiente, me había pedido ayuda para que lo contactara Lizbeth y pudiera ser acreditado. Yo no dudaba de sus intenciones, lo creía amable hasta que me dí cuenta que había equivocado el camino. Creo que era el último día de entrevistas y cerraba con Jon Lee Anderson y Elmer Mendoza.  Le informé al colega la hora en que entrevistaría a Jon Lee y le confesé que estaba muy nerviosa porque no me sentía preparada para entrevistarlo. La verdad es que me comían los nervios y me sentía muy desconcentrada. Esta persona se ofreció a entrar conmigo al advertir que éramos los últimos en entrevistarlo pues se había demorado la agenda. Llegamos al área de entrevistas donde había reporteros de medios nacionales que el solo verlos me achicaban el corazón. Pero yo sabía que podía y quería que Dios no me dejara sola. Saludamos  a Jon Lee y conversamos con él, Recuerdo que empezó la entrevista, le hice un par de preguntas con una voz que apenas me salían.

Los nervios me traicionaron

Los nervios me traicionaron y ya no pude más. Me quedé en silencio y mi colega aprovechó para entrevistarlo, yo pensaba que sería breve pero me dí cuenta que había perdido la oportunidad de hablar con él.. De pronto apareció Patricia quien tomaba fotos de algunos de los escritores para ilustrar las entrevistas y dejar constancia del trabajo que hacíamos. Me hacía señas de que le "cortara" al colega pero yo estaba "trabada" y no podía más. Trataba de meterme, de retomar el tema pero tenía que ser sincera, me había quedado "pasmada". En una de esas, tuve que dejar el lugar e ir a entrevistar a Elmer Mendoza quien estaba listo y parecía que ya se iba. No supe más de Jon Lee y de mi colega. Pero estaba con el corazón hecho trizas, había dejado ir esa oportunidad que había buscado antes del Hay Festival y por insegura lo había perdido. No había más.
El show continuaba también y el Hay Festival también. Mi jefa se había molestado un poquito y más porque yo no podía entender que el tipo se había portado gandalla conmigo. Me negaba a creerlo. Continuaron las actividades y en una mesa redonda de literatura sobre la violencia y la delincuencia organizaba donde por cierto participaba Elmer Mendoza me topé a Jon Lee Anderson. Lo saludé esperando que se acordara de mí. Me preguntó por qué había dejado aquel día abruptamente la entrevista, le expliqué que había tenido algo urgente qué hacer. Pero la verdad es que me dolía recordar esa ocasión. Me dio su tarjeta de presentación y fue cuando me di cuenta que estaba de frente al reportero estrella de New Yorker, un medio muy prestigiado en Estados Unidos.
Recuerdo que le escribí días después y no contestó. Una vez terminado el Hay Festival ya no supe nada más. Pasó el tiempo y le escribí diciéndole lo que había pasado en esa ocasión, que no pude quedarme, que me apaniqué, que mi colega se aprovechó de mi pendejez y sacó todo el jugo a su visita. De hecho él publicó en varios medios diciendo que era "su" exclusiva y puede que el mérito fuera de él pero también era cierto que fue dentro del horario asignado para mí y que, según comentarios, había dicho a otras personas que estaba solo. Cuando en realidad estábamos los dos, y peor aún, me envió su texto terminado para revisarlo y tontamente lo leí. Allí olvidé la dignidad y después me arrepentí. Pero ya qué, lo hecho hecho estaba. El me dijo que sí quería lo entrevistara vía email. Desde ese momento él se mostró verdaderamente interesado en apoyarme aunque no nos conocíamos y ni siquiera habíamos platicado. Le envié las preguntas, me contestó pero no se publicó la entrevista. En ese entonces se había divulgando la entrevista del "otro" por todos lados, por redes sociales, que se determinó que no se publicara. Ya no volví a escribirle a Jon Lee, qué pena. Primero que no pude y la segunda vez, pues no salió nada. En mayo de 2011 mi ciclo terminó en Zacatecas, así que me regresé a Torreón a Milenio Diario Laguna, quien ha sido mi casa, donde nací como reportera y empresa a la que le debo mucho. En octubre de 2011 y siguiéndole de nuevo la pista al del New Yorker volví a escribirle. Tenía la corazonada de que me respondería; pensé que podría ser bueno entrevistarlo ahora sí para Milenio Laguna.

No contestó. Y yo pensé que quizá hasta se había hartado. En verano de este año di con su cuenta de Twitter y le mandé un "tuit". Algo así como "hola, saludos".

El reencuentro

Y al día siguiente, al abrir  los ojos, vi que prendía el foco rojo del blackberry, como cuando hay un mensaje, un mail, o una mención nueva en el Twitter. Lo abrí y la sorpresa de mi vida y tal como dice la película "You got a email!" y era de Jon. Rápidamente lo leí y me alegré muchísimo de que me respondiera. Él decía que había visto mi "tweet" y que al entrar a su correo para buscar mi dirección había encontrado un mail (era el mío de octubre del 2011) y que "mil perdones", nunca contestó. Una de las frases fue, "quizás síntoma de una vida tan agitada". Luego le respondí y así nos fuimos escribiendo.

Supe que venía al Hay Festival en Xalapa y días antes estaría en la ciudad de México para algo de la fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano de Gabriel García Márquez. Nos habíamos escrito y yo le había comentado que iría en octubre, que ojalá nos pudiéramos ver o que mejor aún en Xalapa. Recordemos que entrando la administración austera de Miguel Alonso y la entrada del nuevo gobierno priista a Zacatecas se desistió de apoyar al Hay Festival. El gobierno argumentó que cobraban muy caro, pero la gente del Hay aseguraba que ellos tenían el subsidio de varios organismos incluido el British Council y otras cosas. En resumen, no había más festival para Zacatecas, pero sí para Xalapa, quien lleva dos años siendo la sede de este festival en México. Jon Lee se fue un sábado de la ciudad de México y yo llegué el lunes siguiente. Ahora sí que ni modo, el destino aún no quería que lo viera, quería que siguiera leyendo.
En todo ese tiempo no me contestó hasta después, ya que estaba muy ocupado viendo a colegas suyos en Nueva York y luego en México en el Hay. Le comenté que era editora de la sección de Cultura y le dio
mucho gusto. Es decir, estábamos al tanto uno del otro. No sé si en un futuro volveré a verlo, quizá sí o quizás no. Pero es una anécdota que jamás olvidaré. Durante la estancia de Jon Lee en Siria, de mayo a agosto de este año aproximadamente, recibí el texto en inglés y en español titulado "Quiènes son los rebeldes sirios". Agradecí el gesto, lo leí y me encantó.

En octubre cuando fui a la ciudad de México por motivos médicos, me compré el libro "La caída de Bagdad" del mismo autor, con toda la intención de leerlo. Pero bien dicen, uno no sabe lo que va a pasar o más irrisorio aun, como dicen "si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes". La comunicación siguió y después supe que estuvo en la capital del país donde una amiga, Violeta, tuvo la oportunidad de tomarse una foto con él. Pasó el tiempo, nos seguimos escribiendo hasta que una mañana, desperté con una nueva inquietud. Me acordé que en uno de sus correos decía que vendría a la FIL de Guadalajara, que presentaría su libro y haría varias cosas. "Sería la última oportunidad" me dije a mi misma.  Le escribí un correo y le pregunté que qué pasaría si le dijera que quería una entrevista, que si me la concedería, considerando que viajaría 10 horas en autobús. Tenía que hacerlo un poco dramático pero había leído que uno puede echar mano de lo que pueda con tal de lograr un objetivo. Que además no era malo, era para lograr ese sueño que tenía y cerrar ese círculo que estaba abierto desde Zacatecas. Me contestó que sí, que era muy pesado para mí, pero que me daría el tiempo suficiente. Me contactó con Lluisa, de la editorial Sexto Piso, nos presentó y pre agendamos una cita. Primero tenía que pedir permiso en mi trabajo para poder ir a Guadalajara, considerando que quizás no volvería Anderson a México hasta dentro de un par de años.  La respuesta fue positiva, mi jefa Marcela Moreno me dio su confianza de inmediato y la anuencia. Ya tenía todo listo, desde ese día me puse a leer mucho sobre Jon, a escuchar audios y demás. Lo veía como la última oportunidad que tenía.

Una hora de entrevista para mí.

A dos días de que iba, me comuniqué de nuevo con Jon y con Lluisa para reconfirmar la cita. La entrevista era a las 12:00 horas del viernes. Rogué esa noche que el camión no hiciera más de 12 horas porque me las vería negras para llegar a tiempo. Pero todo se acomodó, llegué a las 8:30 am a Guadalajara, almorce (un juego y un lonche, la verdad es que no tenía ni hambre). Me arreglé en el baño de la central y me fui a la expo Guadalajara, donde estaba la FIL en pleno. Tuve la mala suerte de llegar justo cuando grupos de niños y pubertos de varias escuelas se arremolinaban para entrar. luego de registrarme en el módulo y que me dieran mi "kit" de prensa me di a la tarea de recorrer unos cuantos pasillos pero aquella era el horror. Apenas eran las 10 y ya estaba "engentada". Ya me quería ir corriendo. Estuve haciendo tiempo hasta que dieran las 11:30 para cruzarme al Hotel Hilton que está enfrente. Entonces, justo en ese entonces, tuve miedo. Un temor horrible pero no dejaba de "terapearme" mentalmente. Tenía todo para que me fuera bien, había conseguido grabadora, cámara fotográfica, traia el libro de Bagdad y un pequeño acordeón en hojas de colores para darme ánimos. La garganta se me cerró y me apaniqué. Pensé que a lo mejor no me entendería o algo peor, pero me dije, si no me entiende, entonces saco mi papel y pluma. "No puedo dejar que se vaya sin contestarme las preguntas". Me senté en dos mesitas del lobby y no llegaba. Del otro lado del lugar había más reporteros de otros medios entrevistando a más escritores. Incluso estaban los del Canal 22. Las 12. Se acabó la espera.
De pronto vi que llegó y saludó a unas personas que estaban allí. No lo podía creer!!!! Jon Lee Anderson estaba en Guadalajara y yo también!!!!  En una de esas volteó y me vio. "Daniella!!!!!" y luego vino el abrazo cálido y sincero del periodista. Y yo estaba que no cabía de felicidad en ese lugar. Era mi momento, "Its my turn" como diría Natalie Portman en "El Cisne Negro" o como la canción "Y no me importa nada".
Nos fuimos a sentar a unas mesitas, yo iba temblando pero traté de disimularlo. Me presentó a Raquel, una mujer española representante de la editorial Sexto Piso. Ya una vez instalados, me ofreció agua, café, sandwich... Yo no quise. Estaba más que nerviosa y ya quería empezar. Tengo que mencionar que dos días antes pregunté a Lluisa de cuánto tiempo disponía de la entrevista. Le lancé la pregunta vía chat del gmail esperando que me dijera 15 minutos o 30 minutos aunque se me hacía mucho. Y la respuesta fue "Jon dijo que te diéramos una hora". Una hora?!! Què nervios?! Què voy a hacer en una hora?!!!! Què emociòn!!! Pensè hacia mis adentros. Recuerdo que les platiqué a varias personas que él me daría una hora. Más de tres me dijeron "eso es mucho o poco?" y yo les decía que mucho, que era raro que alguien concediera tanto tiempo. Entonces entendí la consideración tan especial que me hizo Jon al darme 60 minutos.

La primera palabra que dijo Jon al estar sentado frente a mí fue "wow" y yo respondì "después de tanto tiempo". No lo podía creer yo ni mucho menos él. Tanto tiempo de espera, de correos, de saludarnos, estaban rindiendo frutos. Por fin estábamos hablando. Al principio le costó un poco de trabajo a Jon entenderme. No es algo de lo que me mortifique escribir pero sè que mi voz es poco entendible para algunas personas, pero luego ya que se familiarizan con mi voz ya no hay tanto problema. Así transcurrió la entrevista con Jon, acabamos justo a la 1 de la tarde, hora en que tenía que dar una rueda de prensa sobre la presentación del libro "La herencia colonial y otras maldiciones". Le pedí que nos tomáramos la foto del recuerdo a lo que accedió. Quiso subir a su habitación para obsequiarme un ejemplar de ese libro pero ya no había tiempo. Raquel se ofreció a que me conseguirían uno de la editorial para que me lo pudiese autografiar. Antes de cruzar a la FIL, hubo un pequeño roce con un periodista o escritor, llamado Enrique, que estaba molesto porque no había tenido chance de entrevistarlo. Aunque no vi del todo, supe que se había metido hasta el baño buscando la entrevista, eso es lo que entendí pero no sé si se metió o no, ya que yo esperaba unos pasos atrás a Raquel y a Jon. Nos fuimos caminando los tres y ambos estaban desconcertados, y yo sólo atiné a pedir disculpas, quizás por mi culpa no había podido atender al otro reportero pero Jon me dijo que no me preocupara. Llegamos al salón de prensa donde ya estaban varios colegas esperándolo.

La regañada para unos cuantos

Ocupè una de las primeras filas designadas a los reporteros, había fotógrafos, reporteros y demás. Sin más, Diego Rabasa presentó a Jon Lee Anderson y dio pie a que la prensa entrevistara al corresponsal de New Yorker. De principio noté cierta apatía o temor por entrevistar a un grande del periodismo que incluso aseguran es el heredero de Kapuscinski. Luego comenzaron a fluir las preguntas. A grosso modo percibí un poco cansado ya a Jon y es que no era para menos, se la había pasado dando entrevistas, escribiendo recomendaciones de otros libros y más. Pero creo que al responder tres preguntas, nos dio una cátedra de periodismo a dos que tres. La primera pregunta era sobre por qué escribía de África y no América Latina. Siento que el autor se molestó y respondió un poco huraño. Quiero pensar que la idea de la pregunta de quien por cierto, era una reportera, era de dónde había surgido la inquietud por escribir del tema. Pero era más que obvio, era una recopilación de crónicas de 1998 a 2000 algo así. En dos patadas contestó, "y ¿a quièn le interesa Amèrica Latina? Es decir, África y México son muy similares. Dijo que le llamaba la atención que en otros lugares se creía que había demasiada violencia en África, "cómo dicen eso si las carreteras de México están muchas veces decoradas con restos humanos..."
Con eso me calló la boca a mí y a muchos. Me felicité por no haber hecho esa pregunta ya que era una del acordeón que traía. Luego otra pregunta que también se me hizo un poco absurda, alguien preguntó que cómo se podía hacerle para comunicar otras notas que también son importantes para México, que el crimen organizado no era todo. El dijo, "còmo què?" y el reportero dijo que por ejemplo "el despojo de tierras".
Inmediatamente Anderson soltò la bala "cómo nos va a interesar eso si no se puede vivir seguro, si no hay seguridad? Primero tiene que haber seguridad". Pero recordé que hora antes me había dicho que era difícil cubrir la guerra del narco, por lo que no entendí, y sabía que había que leer entre líneas. Nuevamente me anoté otra estrellita porque no me había tocado regaño.
La última cuestión que estaba también en mi lista de pendientes, era preguntarle sobre el periodismo y el Internet, su relación y la visión que tenía. Recordemos que Jon tiene 33 años como periodista, es desde la vieja escuela pero ahora tiene cuenta de Twitter, tiene su blog, iphone y cuenta de correo electrònico. Además ha hecho muchas videoentrevistas para diversos medios como CNN. El dijo que "para mí el periodismo sigue siendo periodismo, el Internet es una herramienta así como otras". Bien me dije, qué bueno que no pregunté eso. En ese lapso, Raquel se acercó y me dio un ejemplar del libro a presentar.
Me lo firmó y dijo que nos veíamos más tarde. A las 5 que era la hora de presentación de su libro. Mientras lo autografiaba, lo observé y me dio un poco de pena. Ya lucía cansado, harto y fastidiado. "Mientras puedes andar por allí disfrutando de la FIL o ir a comer", me dijo.

Llegó Gabriel García Márquez
Me fui a comer, a recorrer la FIL ya con menos gente y a disfrutar. Pero me hice "bolas" con los salones donde presentaban los libros, fui a la sala de prensa y luego vi que Alberto Ruy Sánchez, otro escritor a quien admiro y aprecio bastante, estaba en una mesa redonda sobre literatura contra la violencia de género. Estaba con Sanjuana Martínez y Héctor Abad, a quien ya me había presentado el mismo Alberto en Zacatecas. Me quedé un rato, saludé a Alberto y pensé que llegaría aunque fuera al final de la presentación de Jon Lee pero oh sorpresa, se hizo tarde, me perdí. A la hora en que llegué ya no había nada.
Mi celular se me descargó y ya no hallaba como comunicarme con Jon. En eso me encontré a Rebeca Pérez Vega, otra amiga de Público Milenio que ahora trabaja en Mural y conversamos. Recorri los pasillos, visité varios estands como el de la Revista Artes de México donde estaba Alberto y su esposa Magie. A las 9 pm me fui a la central pues el autobús saldría a las 10 pm de regreso a Torreón. Estaba más que emocionada, ya tenía la entrevista, las fotos, dos libros autografiados, el kit de prensa y la ilusión de haber cumplido mi sueño.
Al llegar a Torreón inmediatamente fui a mi casa esperando el momento de contar mil veces como había sido la entrevista. Conecté mi celular al cargador y prendí la notebook para ver si tenía pendientes en mi correo. Oh sorpresa, Jon me había escrito para preguntarme por qué no había ido, me había estado buscando y tenía un ejemplar del libro de textos periodísticos de García Márquez que presentó Consuelo Sáizar, ex directora de Conaculta. Me decía que dónde estaba, que si estaba cerca del Hilton para llevarme el libro. Pero ya estaba en Torreón, le contesté que ya había llegado y además, me solicitaba la dirección para enviarme el libro. Se la di aunque le dije que no hacía falta. A los dos días de que me lo envió por vía Multipack, el libro llegó a mis manos. Gabo ya vive en Torreón. Agradecí a Jon Lee Anderson el gesto y le dije que era el cierre con broche de oro de este año y que estaba por cumplir 10 años como reportera.
Y así fue el reencuentro con Jon Lee, quien es mi padrino de lujo y a quien le debo bastante.


http://laguna.milenio.com/cdb/doc/noticias2011/e8b95088605f6c63499b4ce3a96bb22f








viernes, 22 de mayo de 2009

¿Is now or never?


Desde niña admiré a Elvis Presley por su capacidad de brillar y causar alborotos entre la multitud. Mi mamá tenía varios discos de vinyl y lo escuchaba en balada o al ritmo del rock and roll. Crecí con la música de Elvis, pues en la academia de baile en la que estuve durante mi niñez hasta mis primeros brotes de pubertad, su legado era continuamente escuchado.

Y caray... después de tantos años, aquella imagen del artista al punto ebrio, con sus cadenas de oro rozagante y sus pantalones blancos entallados regresaron a mi mente. `

Un CD con las baladas más románticas llamado "Love, Elvis" curiosamente llamó mi atención y lo coloqué en el stereo del Palomo, mi carro blanco que es como un hijo.... traga y traga gasolina..

En una noche de fiesta en que fui a un antro con una amiga, coincidi con un amigo al que después resulta que le gustaría ese cd. Me lo pidió prestado para quemarlo y después devolvérmelo.

Después de algunas semanas, fui a su casa en compañìa de una amiga. Esa noche puso el cd y luego me lo dio. En su casa baile algunas -muchas- veces con él. Recuerdo que no le gustaba bailar y conmigo parecía lo contrario. Platicamos poco es la verdad, pero creo que nos llevábamos bien, pues siempre la fiesta era en bola y él y yo sólo eramos parte de esa algarabía.

No sé cuantos días pasaron desde que nos conocimos y lo que me pasó por la mente en alguna ocasión sucediò.

El 3 de mayo a las seis de la mañana, la historia cambió para mì y para él también. Después de bailar abrazados en otras ocasiones, de intercambiar una que otra sonrisa, nuestros alientos estaban frente afrente. Después de la cerveza, los amigos, el tequila.....y lo demás, habíamos continuado la fiesta en otro lugar. Yo estaba feliz porque era mi cumpleaños número 30, la edad de los solteros codiciados según un cuate de Mty. Y sabía que era verdad.

Seguimos pisteando en este otro sitio hasta que las cervezas se agotaron... pero las ganas de seguir festejando parecían estar más presentes que nunca.

"Voy por más cervezas... no sé si alguien me quiera acompañar...", dijo mi amigo y como no quería hacer mal tercio. me sumé a la noble tarea y caritativa además, de ir en búsqueda del líquido anhelado.

"Y tu disco de Elvis?", preguntó, a lo que respondí, "no sé donde quedó. Me lo diste, lo guardé, lo bajé a mi casa pero no sé donde quedó..."

Unas cuadras más adelante, el carro se detuvo y entonces escuché "Is now or never?"....No sabía si era en el stereo, afuera o en mi imaginaciòn... "Kiss me my darling..." y yo volteaba y lo que encontrè fueron sus labios.... Fueron sus labios y pensé "your lips excite me...."

Y así fue. De pronto, "Nani" fue seducida por el deseo, la sorpresa y la tremenda atracción que sentia hacia él. No había momento de detenerse a pensar en las cheves, la fiesta o que ya era de madrugada. Lo más increible era que él estaba ahi y que su boca no se despegó de la mía.

Sus manos se deslizaron por... mi cara... por mi caraaa!!! y su sonrisa y sus ojos fueron estrellas que iluminaron junto con el sol, ese día de domingo. La loción. Paris Hilton para caballero... jamás la olvidaré, algo así como otra rola del mismo Elvis, "you are always on my mind...".

Pero como en todo, en la vida y en las mismas canciones de este artista, todo esto tenìa que terminar.... Y el disco imaginario que escuchàbamos èl y yo terminò.

La pasión se detuvo y la razón volvió. Volvió para llevarnos a donde teniamos que estar. Desde entonces las cosas ya no fueron las mismas. Y aunque escuche mil veces "Is now or never", sé que aquel momento no se repetirá. Pero eso sí, Elvis siempre será el cómplice de una noche increible y un cumpleaños especial.


domingo, 19 de abril de 2009

Cuatro horas a la espera


Esta también es otra crónica sobre el proceso que debieron seguir los vendedores ambulantes para obtener su módulo ubicado en el Centro Histórico. Este texto salió recortado por falta de espacio, pero aquí les entrego la versión completa.

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Cuatro horas tardó Rosario para elegir el módulo que a partir de ahora será su lugar de trabajo y fuente de sustento. Acompañada de sus dos hijas y dos nietas, -una de ellas de meses acudió al Museo del Algodón para participar en el proceso de elección. Con una temperatura cálida de 30 grados centígrados, Rosario al igual que los alrededor de 300 vendedores ambulantes visitaron este museo que nunca antes había tenido una afluencia aproximada a las 500 personas en un sólo día.
En el patio central, se colocaron algunas mesas y sillas para que las personas tomaran un descanso mientras esperaban su turno. El sol no caía tan a plomo sobre la ciudad, así que el ambiente que se respiraba era un poco fresco. Incluso hubo quienes se llevaron botellas de refresco y un poco de comida porque sabían que el proceso de espera sería largo.
El sitio dedicado a la curaduría del museo se convirtió en una pequeña y concurrida oficina del Ayuntamiento de Torreón. Mientras que algunos ciudadanos externaban sus inquietudes a los colaboradores, Rodolfo Walss hacía llamadas y ponía orden en los archivos. En ningún momento este lugar estuvo en calma pues a cada rato, entraban y salían personas. Unos pasos más adelante, se encontraba el registro de los vendedores; tenían que verificar que estuvieran en la lista y una vez confirmado el nombre, debían esperar para ser llamados y entonces, poder escoger el módulo.
De acuerdo a Rosario, esta fase del proceso fue la más larga porque era donde había más gentes esperando. Como la fila era extensa, había quienes encontraron unas bancas y aguardaban el momento en escuchar su nombre a gritos o mejor aún, por micrófono.
De pronto, un señor de mediana edad, describió que parecían estar como en el Seguro Social. “Si te hablan y no estás, el que sigue y listo, ¿No?, a lo que asintieron dos madres de familia con tímidas sonrisas. Los inconformes no pasaron desapercibidos y acudieron con oficios firmados para que les resolvieran y alcanzar uno de los módulos. En una de las paredes se exponían tres mapas por sectores; en el primero habrá 23 módulos, 75 puestos; en el segundo, 20 módulos y 60 puestos y en el tercero, 15 módulos y 60 puestos. Justo a la hora de comida, se empezaron a colocar platos con guisados para los que se encontraban en el lugar.
foto: Santiago Chaparro

La otra crónica




El 12 de marzo se presentó la obra "El buen canario" en el Teatro Nazas con la actuación de Diego Luna e Irene Azuela, que dicho sea de paso, se ganó nuevamente el Ariel. Se tenía preparado un after en un conocido bar, Santiguo o "el bar de Elías" para muchos. Pero contrario a lo que se tenía contemplado, Diego Luna decepcionó a propios y extraños pues no hubo una convivencia con los laguneros como en otras plazas. Al contrario, todo fue muy restringido y parece que no se sintió a gusto. Por un lado, quizá estuvo mejor porque luego pasaría lo ocurrido con Pamela Manzur en Monterrey.. (ya que las laguneras tenemos lo nuestro) y estuvo mal porque no se le vió ni el polvo. Me habian solicitado una crónica y ésta es la versión original.




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Diego Luna se dio a desear en Torreón. Tras tener dos funciones de teatro del “buen canario” abarrotadas en el Teatro Nazas; parecía que el “charolastra” tendría un momento para compartir con sus seguidores laguneros. Pero no fue así.
Días antes de la presentación de la puesta en escena, se repartieron solamente cien invitaciones entre el público por parte de Santiguo Club Social, lugar que recibiría a los actores después de actuar en el Teatro Nazas. Las restricciones fueron muchas. A este antro en el que predomina la música electrónica, podían pasar quienes tuvieran invitación y estuvieran en la lista de confirmados. Alrededor de las 12 de la noche, había un buen número de personas que querían ser parte del “after” pero no contaban con un pase.
El Santiguo Club cuenta con dos pisos y una terraza. En la parte de abajo, el acceso era para todos los invitados, mientras que en la zona de arriba además de la terraza era para gente VIP. Sin embargo, había otra zona -por supuesto restringida- destinada para los artistas. La música era buena y el ambiente poco a poco comenzaba a tener color. Para esta noche, se preparó una bebida especial “El Canario” que consistió en jugo de naranja con vodka y un dulce jarabe. De pronto ya era imposible caminar por los pasillos, pues ya había mucha gente. Alrededor de la 1:30 horas del viernes, Diego Luna, Irene Azuela, Martín Altomaro y Jorge Zárate llegaron al lugar y subieron a la zona VIP. Un poco desconcertados por el lugar y quizás por la gente, Diego Luna parecía inmutable, mientras que Irene saludaba a quienes se le acercaban. Una vez instalados, la restricción fue total. Nadie podía pasar mientras los invitados a esta zona, entre ellos, lograron entrar Rodolfo Haro, Héctor Becerra, Miriam Rascol así como los de Terregal Films.
La terraza y el área aledaña a donde se encontraban los artistas, estaban abarrotados de laguneros que querían ver al “Charolastra”. Una mesera se encargaba de servirles los tragos a los actores y se apreció que consumieron vodka y agua mineral en vasos. A pesar de la negativa, se pudo conocer a Diego Luna casi a las 2:30 de la mañana. A la entrada a esta habitación, reiteraron, nada de fotografías ni grabadoras. Él lucía muy sencillo, con una playera color guinda y unos jeans mientras que su aspecto era el mismo de la obra. Se acercó, comentó un poco sobre la obra, agradeció el apoyo y fue todo. Eran cinco minutos nada más. Cerca de las 3 am, abandonaron el sitio sin tener contacto con los asistentes. Así de frío, estuvo “El canario”.

sábado, 15 de noviembre de 2008

Carlos Monsiváis.


El miércoles por la noche, Carlos Monsiváis recibe un correo electrónico de un remitente desconocido. El nombre era Daniella Giacomán.
Lo leyó y contestó: "Estimada Daniella, llámame el viernes de 9 a 10 de la mañana. Un saludo cordial. Carlos Monsiváis. En menos de una hora, recibió la respuesta. La editora de cultura de un periódico torreonense se comunicaría con él a la hora pactada.
El jueves fue un día largo. A los 84 años, murió el Gato Culto. Murió Paco Ignacio Taibo I, escritor y exiliado de España junto con su familia años atrás. Quedaron obras sin concluir y una profunda pena en sus hermanos como Benito, quien no dejó de alabar la carrera literaria de su querido hermano que fue velado durante el día en su casa. Paco Ignacio Taibo II, autor del libro "68" se mantuvo firme y con el corazón herido, pero fuerte con su madre. La pena embargaba a toda la familia pues se ha perdido a un ser que trascendió en la literatura hispanoamericana. Sus cenizas, se ha dicho, serán esparcidas en Asturias y México... El homenaje a Carlos Fuentes por sus 80 años y los 50 de La Región Transparente no cesan. A pesar que Fuentes no acudió el primer día de su homenaje, los demás días ya no pudo decir que no.
El viernes. Los reporteros preguntan e insisten, quieren alguna declaración sobre la muerte del Gato Culto, título que le dio Milenio Diario a la noticia sobre su deceso. Recuerda, contesta, recuerda y vuelve a escribir. Está haciendo el ejercicio de autocrítica en sus textos y piensa que tristemente, tendrá que volver a reescribirlos y de todo esto, quizá surja algún libro.
Son las 9 de la mañana, las 9:30, las 10 y sigo contestando entrevistas. No tiene tiempo para caminar al Zócalo o simplemente a estirar las piernas. De pronto, en un momento, revisa el ordenador y otra vez el mismo mail. Daniella se comunicó pero no lo encontró, a lo que responde sin vacilar:
"Doña Daniella, aquí estoy. Un saludo cordial". Sigue contestando las preguntas de periodistas de todas partes de México y el mundo seguramente. De pronto, toma el teléfono y se escucha, "Maestro Monsiváis, buenos días y el responde, Qué tal como estamos? Me puede llamar en 10 minutos porfavor? y la periodista acepta. El cuelga el teléfono.
Entonces el tiempo pasa y atiende otras cosas. Se escucha nuevamente el teléfono, "Cómo esta Daniella, qué tal? a lo que ella le dice, "Hola maestro, Monsi, Quisiera que nos platicara de la conferencia que va a dar el domingo aqui en Torreón...."
Entonces la plática arranca. Contesta unas preguntas y nuevamente dice, "Me puede llamar en otros cinco minutos porfavor para terminar?" y dice, "Gracias". La entrevista ha sido buena aunque la periodista se mostró un poco nerviosa al principio. Nada nuevo para él, pero aquel día como hace mucho tiempo, conserva su espíritu y su sencillez así como el don de gentes.
Pero Monsi no se desocupa ni un momento. Intenta nuevamente la periodista ya para concluir la charla. Una pregunta que sorprende porque no está relacionada con lo demás, es sobre la lucha libre. Sabemos que a él le gusta y que la Arena México no le es ajena, tampoco le es ajeno la máscara del Santo o el Diablo Velazco o los puestos de tacos que se ponen afuera de este centro. De este escenario donde se realiza un ritual de los excesos. De pronto, Monsi tiene un deja vú y recuerda cuando acudió la última vez a la lucha libre. Entonces afirma que "sigue siendo un fenómeno social, desde luego". Después de ocho minutos, concluye la entrevista y hay que despedirse. Cuelga y espera seguramente alguna otra charla.
El día se tornó largo. El sábado es el puente para llegar al tan anhelado domingo, donde ofrecerá una charla... "leeré varias anécdotas de la ciudad de México.." El intelectual estará en la Galería de Arte Contemporáneo del TIM dentro del Festival Artístico Coahuila 2008. El Monsi vuelve a la Región luego de ocho años aproximadamente. Monsi se agarra la cabeza, se acomoda los lentes y revisa los periódicos que le llegan a su casa... Habrá que pensar qué otra imagen pudiera compartir conquienes esperan ansisos su visita.

viernes, 1 de agosto de 2008

Crónica de una andanza con Víctor Hugo Rascón Banda


La muerte de Víctor Hugo Rascón Banda ha dejado un hondo vacío en las artes mexicanas. El telón se ce-rró para quien fuera funcionario, escritor, crítico teatral, dramaturgo y sobre todo amigo. Hace dos meses y medio, Rascón Banda presenció el homenaje que recibió Enriqueta Ochoa en el Palacio de Bellas Artes.
Puntual a la cita, el maestro llegó al imponente Palacio de Bellas Artes. Con un sobrio traje gris y unos libros bajo el brazo, el maestro subió las escaleras que condujeron a la Sala Manuel M. Ponce donde minutos más tarde, se realizaría el homenaje a la escritora torreonense en el marco de sus 80 años de edad. Fue el pri-mero en llegar. En el vestíbulo se encontraba una mesa pequeña, a la que se sentó Rascón Banda. Los amigos y escritores que llegaban le saludaban y uno que otro le daba un abrazo.
Poco a poco, las personas que acudirían al homenaje hicieron una fila para entrar a la sala. El maestro serio y con la mirada clavada en los libros aguardaba la hora en que tenía que entrar. Hubo quienes no lo reconocie-ron y no le importó pasar desa-percibido. De pronto llegaron las cámaras de una televisora y aceptó una entrevista. Hasta ese momento, el público que estaba ahí, se sorprendió. Era el maestro Víctor Hugo Rascón Banda, presidente de la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM).
Una vez que arrancó la ceremonia, el maestro escuchó atentamente a cada uno de los invitados en el presidium. La emoción se percibía inmediatamente en su rostro; estaba orgu-lloso al presenciar el homenaje a la escritora.
En un discurso emotivo y muy dinámico, dijo que la mejor forma de honrar a la escritora era reeditando sus obras. También habló de la gran labor que hizo el Fondo de Cultura Económica al publicar una compilación de la poesía de la torreonense.
Siempre atento a cada uno de los comentarios que realizaban sus compañeros de presidium, Víctor Hugo tuvo una presencia importante.
Al finalizar la ceremonia, el chihuahuense felicitó a la ho-menajeada. “Es un merecido homenaje”, sentenció, “Enriqueta Ochoa es una de las poetas más importantes que tiene nuestro país”, agregó en entrevista.Se ofreció un pequeño brindis para honrar a la escritora, momento en que el dramaturgo aprovechó para dialogar con algunos que se le acercaban. Cerca de una hora después, el maestro abandonó el Palacio de Bellas Artes, sin imaginar que sería de las últimas ocasiones en que pisaría este imponente recinto artístico.

miércoles, 9 de julio de 2008

El baile del Vuoso Polar


Y así fue. En casi seis años que tengo en La Opinión Milenio, nunca fui tan solicitada como hace unos días. Resulta que hasta en la calle, en los centros comerciales e incluso en los cafés, la gente se me ha acercado para preguntarme "¿Bailamos el Vuoso Polar?, a lo que claro, he soltado una y otra vez la carcajada.

El baile del Vuoso Polar vino a mi en una extraña forma. Resulta que cuando Santos Laguna jugaba en la liguilla que acaba de pasar, una nueva canción santista se dio a conocer en la radio local así como en la televisión. Se trataba del "Baile del Vuoso Polar" en el que a manera de cumbia, se narra una historia jacarandosa. Y mejor aun, coincide con el festejo colorido, cómico y musical que realizaba el argentino Vuoso, delantero del Santos Laguna, cada vez que metía un gol.

Pero la cosa no paró ahí. El "Chutas", personaje conocido como "Chaquiras" que participó en el programa sabatino "Mira que bonito" hace unos años en el entonces Canal 9, hizo más famosa la canción. Con motivo de la santosmanía, comenzó a recorre la ciudad, en plazas, mercados y demás paseos públicos acompañado por una pequeña reproductora de CD que tocaba la famosa canción. Inmediatamente cuando llegaba el Chutas con la gente, ellos le respondían bailando al son de la cumbia. Con todo y coreografía aprendida en la televisión.

En una ocasión, la faramalla del Chutas llegó a las instalaciones del corporativo Multimedios Laguna. Acompañado de un camarógrafo y su reproductor de CD, entró al área de redacción y puso nervioso a todo el que se le cruzaba en el camino.

"Me roba me roba el oso polar", "Me roba me roba, me va a llevar" es parte de la canción que se escuchó por meses en toda la Comarca Lagunera. Y en la oficina no era la excepción.

Pero nadie se animaba y el Chutas llegó a mi lugar.... Y yo no quise quedarme atrás. Y que bailo, y que me acuerdo de la cumbianchera que traigo dentro... y peor aún, tomé de la mano a un compañero de diseño y comenzamos a bailar.

La verdad me dio mucha risa y fue como que el chiste del día, porque casi nadie se había atrevido a bailar frente a la cámara. Pero oh sorpresa, que el video fue transmitido el siguiente martes después de la visita tan inesperada del Chutas. Lo proyectaron en el programa "Solo futbol" y la respuesta fue impresionante...

Me vieron los de casa claro, varias amigas y varios amigos me lo hicieron saber. El primero que me dijo fue José Alfredo Jiménez... un gran amigo sociólogo y artista. Pero después, las felicitaciones por mi buen baile estuvieron a la órden del día... Lo que me dio más risa y comprobé que ya "era famosa" fue que a la hora de abordar dos taxis en diferentes lugares y días, ambos conductores me dijeron, "Usted es la del Vuoso Polar"... a lo que me reí.

Otra señora que vende elotes en la Alameda Zaragoza, también dijo que me había visto y otro señor se acercó el martes pasado que fui a comer a Plaza Cuatro Caminos y me dijo, "¿Bailamos el Vuoso Polar?..."

Como ven, en mis largos casi seis años de estar en Multimedios, nunca había sido "reconocida" como ahora por este gran baile.

Gracias Chutas, Vuoso y la gran respuesta de la televisión. Jejeje.