Esta también es otra crónica sobre el proceso que debieron seguir los vendedores ambulantes para obtener su módulo ubicado en el Centro Histórico. Este texto salió recortado por falta de espacio, pero aquí les entrego la versión completa.
---------------------------------------------------------------------------------------------
Cuatro horas tardó Rosario para elegir el módulo que a partir de ahora será su lugar de trabajo y fuente de sustento. Acompañada de sus dos hijas y dos nietas, -una de ellas de meses acudió al Museo del Algodón para participar en el proceso de elección. Con una temperatura cálida de 30 grados centígrados, Rosario al igual que los alrededor de 300 vendedores ambulantes visitaron este museo que nunca antes había tenido una afluencia aproximada a las 500 personas en un sólo día.
En el patio central, se colocaron algunas mesas y sillas para que las personas tomaran un descanso mientras esperaban su turno. El sol no caía tan a plomo sobre la ciudad, así que el ambiente que se respiraba era un poco fresco. Incluso hubo quienes se llevaron botellas de refresco y un poco de comida porque sabían que el proceso de espera sería largo.
El sitio dedicado a la curaduría del museo se convirtió en una pequeña y concurrida oficina del Ayuntamiento de Torreón. Mientras que algunos ciudadanos externaban sus inquietudes a los colaboradores, Rodolfo Walss hacía llamadas y ponía orden en los archivos. En ningún momento este lugar estuvo en calma pues a cada rato, entraban y salían personas. Unos pasos más adelante, se encontraba el registro de los vendedores; tenían que verificar que estuvieran en la lista y una vez confirmado el nombre, debían esperar para ser llamados y entonces, poder escoger el módulo.
De acuerdo a Rosario, esta fase del proceso fue la más larga porque era donde había más gentes esperando. Como la fila era extensa, había quienes encontraron unas bancas y aguardaban el momento en escuchar su nombre a gritos o mejor aún, por micrófono.
De pronto, un señor de mediana edad, describió que parecían estar como en el Seguro Social. “Si te hablan y no estás, el que sigue y listo, ¿No?, a lo que asintieron dos madres de familia con tímidas sonrisas. Los inconformes no pasaron desapercibidos y acudieron con oficios firmados para que les resolvieran y alcanzar uno de los módulos. En una de las paredes se exponían tres mapas por sectores; en el primero habrá 23 módulos, 75 puestos; en el segundo, 20 módulos y 60 puestos y en el tercero, 15 módulos y 60 puestos. Justo a la hora de comida, se empezaron a colocar platos con guisados para los que se encontraban en el lugar.
foto: Santiago Chaparro

1 comentarios:
Amiga!... qué buena crónica... Clap clap clap... lo dicho, es usté una buenaza.
Publicar un comentario en la entrada